Stop Grooming!

Información sobre el fenómeno del grooming de niñas y niños


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Grooming y sextorsión de adolescentes en Uruguay

En Uruguay se denunciaron durante 2010 cinco casos en los que un adulto —simulando ser un(a) adolescente— induce a la víctima a producir pornografía infantil frente a la cámara web.

El Departamento de Delitos Informáticos de la Jefatura de Policía de Montevideo atiende todas las denuncias que se producen en el país de este tipo de explotación o acoso sexual de niños y adolescentes menores de 18 años a través de Internet, que suelen realizar o bien pedófilos o bien pornógrafos con interés lucrativo. Cuenta para la prevención e investigación con el apoyo del Ministerio de Defensa.

En uno de los casos de grooming denunciados este año el autor resultó condenado a prisión, en otros dos no se logró atrapar al culpable y hay dos denuncias aún en investigación.

Las víctimas de dos de estos casos son varones de 12 y 14 años. Un adulto, los convenció por el Messenger de Microsoft de que él era una chica adolescente. El adulto empezó a seducirlos (grooming) y logró que ante la webcam produjesen material pornográfico masturbándose.

Los chicos finalmente se asustan porque llega la sextorsión: si el chico se niega a volver a realizar estos shows, el groomer sextorsionador empieza a amenazarlo con publicar esas imágenes en Internet.

Aunque en Uruguay no se conocen casos en los que “haya desaparecido un niño y aparezca siendo violado en un video que se está vendiendo”, sí ocurre en otros países, según fuentes policiales.

Entre los consejos que el jefe del Departamento de Delitos Informáticos da a los padres para detectar este tipo de situaciones destaca la observación atenta de las actitudes de los niños y adolescentes frente a la computadora: “Si un chico, usuario de la computadora, de un día para el otro pierde interés puede ser que estén abusando de él por Internet y eso crea ese rechazo hacia la PC.” .).

En Uruguay también se está comenzando a producir un fenómeno que ya se daba en otros lugares, como Estados Unidos o España: consiste en que desconocidos recargan el saldo del celular de chicos/as a cambio de que produzcan pornográficas, según consta en el X Informe al Secretariado de la OEA sobre medidas para prevenir y erradicar la explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes.

En 2009 ya fue condenado en Uruguay un hombre que recargaba los celulares de adolescentes a cambio de que se masturbaran o mostraran sus genitales frente a la webcam. Las víctimas fueron una adolescente de 14 años y tres chicos de 12 y 13. El hombre conocía a uno de los adolescentes y le hizo el ofrecimiento además de pedirle que buscase a amigos suyos que quisieran hacer lo mismo.

Consejos para los padres

Las redes sociales online como Facebook “no se utilizan tanto para explotación”, según Gabriel Lima, jefe del Departamento de Delitos Informáticos. “Más que nada se da por el Messenger. Por el Facebook el acosador puede sacarle información a la víctima, pero no pedirle fotos eróticas”. Con esa información después puede chantajear a los menores para que produzcan imágenes pornográficas.

Algunos consejos del Departamento:

  • Sitúe la computadora en una habitación de uso común, donde pueda ver los sitios que visitan sus hijos.
  • No instale una webcam a libre disposición de sus hijos menores de edad.
  • Pregunte a sus hijos qué páginas visitan, con quién hablan y sobre qué.
  • Hábleles de los riesgos de Internet.
  • Insista en que no deben revelar datos personales a gente que hayan conocido a través de chats, Messenger, Facebook, etc.
  • Pregúnteles periódicamente por los contactos que van agregando a su cuenta de Messenger u otro tipo de mensajería instantánea.

Fuente: El País (Uruguay)

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Los menores también engañan a otros menores para explotarlos sexualmente

SextorsiónEl condenado, que en el momento de los hechos (2008) tenía 16 años, fingía representar a una agencia de modelos, y asumía otras identidades falsas para obtener fotos y vídeos de sus víctimas desnudas y en actitudes sexuales. Ha sido condenado a varios meses de realización de tareas socioeducativas relacionadas con la sexualidad. Es la primera sentencia dictada en la Región de Murcia contra un menor como responsable de un delito de descubrimiento y revelación de secretos y otros de prostitución y corrupción de menores.

El procesado había creado numerosas cuentas de correo electrónico y perfiles en redes sociales diferentes para poder entrar en contacto con chicas menores, jóvenes o parejas usando diversas triquiñuelas.

Así, por ejemplo, contactó con varias menores a las que «bajo la promesa de un trabajo para la supuesta agencia les solicitaba primero datos personales, como edad o medidas, y finalmente les pedía que posaran ante la ´webcam´ desnudas», tal y como consta en la sentencia. Otras veces chantajeaba a sus víctimas exigiendo que se desnudaran asegurando que disponía de vídeos sexuales de ellas y que los difundiría si se negaban.

En otra ocasión se hizo pasar por una pareja y convenció a otra para que realizaran actos sexuales ante la cámara web. A cambio, él acusado les puso imágenes de una grabación pornográfica haciéndoles creer que eran de la supuesta pareja.

También llegó a suplantar a chicas para recomendar a otras chicas que contactarán con él.

Fuente: La Opinión de Murcia

PantallasAmigas lanza a los adolescentes un mensaje preventivo para evitar estas situaciones: ¡Cuida tu imagen online!


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El grooming puede acabar en ciberprostitución: el caso Justin Berry

En un momento en que las webcams proliferan como setas por los cuartos de los menores internautas de medio mundo es útil recordar un caso que conmocionó a la opinión pública hace unos pocos años y que avanzó cuáles pueden ser algunos de los riesgos más graves que pueden acompañar a este periférico. Justin Berry, un muchacho estadounidense, montó un negocio de pornografía infantil en la que él mismo era protagonista, con tan sólo 13 años. Estuvo obteniendo beneficios de mostrarse desnudo y manteniendo relaciones sexuales ante la webcam durante 5 años. Finalmente obtuvo inmunidad de la justicia de su país a cambio de aportar información sobre el mundo de porno infantil online el que se movió durante esos años de ignorado y lucrativo delito adolescente. Hoy en día Justin da conferencias acerca de los peligros de la Red, el alcoholismo y el abuso de otras drogas.

Él era un chico normal, delegado de su clase, deportista, con buenas notas y que incluso tenía su propio negocio de desarrollo web. Pero, de manera secreta, también era una estrella de los webs de pornografía infantil desde los 13 a los 18 años. Todo comenzó cuando instaló su webcam a la búsqueda de amigas de su edad, algo que no encontraba fácilmente en el mundo real. Lo que acabó encontrando en un directorio de webcams fueron mayormente hombres que se deshacían en halagos, llenaban un vacío emocional en su vida y le ofrecían regalos. Un día uno de ellos le ofreció 50 dólares por quitarse la camiseta delante de la webcam: él pensó, “¿por qué no aceptarlos si hacía lo mismo gratis cuando iba a la piscina?”. Así fue como empezaron 5 años en los cuales acabó vendiendo imágenes de su cuerpo en Internet, masturbándose y manteniendo relaciones sexuales frente a la cámara por dinero. Llegó a tener unos 1.500 clientes que le reportaron cientos de miles de dólares.

Fue descubierto en Internet por un reportero del New York Times, Kurt Eichenwald, que acabó convenciéndolo para dejar la pornografía y acudir a las autoridades. Finalmente el caso fue desvelado al público en un artículo publicado en diciembre de 2005 titulado Through His Webcam, A Boy Joins A Sordid Online World. El reportaje revelaba la existencia desde hacía años de webs de pornografía de pago protagonizada por menores (a menudo guiados por adultos) como el de Justin, cuyos contenidos eran generados desde los cuartos cerrados de los menores, en casa de sus padres, y que seguían siendo intercambiados online incluso cuando estos webs desaparecían.

En este tipo de webs los menores (que se bautizaron colectivamente como camwhores en los tiempos de Justin) programan masturbaciones retrasmitidas en directo o incluso aceptan shows privados interactivos donde realizan lo que los clientes les piden vía chat, en una especie de Matrix de las webcams, que sólo unos pocos conocen. En otros webs más amateurs los/las adolescentes ofrecen imágenes más y más atrevidas, simplemente a cambio de recibir más votos que otros/as.

Al de un tiempo de comezar su ilegal negocio, Justin poco consciente de los riesgos que implicaba, acudió a una cita con uno de los adultos implicados en él y sufrió abusos sexuales, que marcaron el comienzo de una etapa de sórdida caída en la que negociaba dura y fríamente con sus clientes, amenazaba a otros adolescentes competidores, iba separándose de su vida real, etc. Cuando tenía 16 años un antiguo compañero de clase descubrió vídeos de Justin en Internet y los comenzó a distribuir en la ciudad, incluso a compañeros del colegio. Entonces Justin dejó de ir a clase, según le dijo a su madre por problemas con los compañeros, para seguir sus estudios a través de teleformación. Posteriormente marchó a México con su padre, a quien puso al corriente de sus actividades (según revelaría más tarde) y comenzó a emitir relaciones con prostitutas en un tercer sitio web que abrió (con un modelo mayor de edad en la portada para dar una fachada de legalidad), y a consumir cada vez más marihuana y cocaína. Sufrió repetidos abusos por parte de otro cliente y comenzó sus intentos de abandonar esa vida, vagando por los Estados Unidos, refugiándose en la religión y incluso considerando el suicidio. Pero para su adicción a las drogas necesitaba el dinero y acabó asociándose con uno de sus clientes-abusadores en un nuevo web donde además de él, se ofrecían imaǵenes de otros adolescentes: al cumplir los 18 cruzó con ellos la línea que separaba la víctima menor del abusador adulto. Fue poco después cuando fue contactado por el reportero del NY Times y se abrió para él una vía de salida de aquel mundo.

El posterior testimonio de Justin ante comités del Congreso estadounidense ayudó a endurecer las leyes de ese país contra la pornografía y el abuso infantiles en Internet.

Ya en los primeros años del siglo los adultos buscaban a menores de directorios de webcams y en webs de hacer amigos (hoy son llamados redes sociales online) y si respondían a sus mensajes comenzaban el proceso conocido como grooming. Algunos adolescentes piden regalos por medio de las listas de deseos de algunas tiendas online (uno de los habituales que reciben son precisamente cámaras de mayor calidad, para nutrir a los groomers con lo que desean), reciben recargas de móviles y otros incluso llegan a cobrar cuotas mensuales a sus clientes. En estos casos algunos negocios online se benefician indirectamente de esta lucrativa actividad ilegal.

Aunque lógicamente no todos los protagonistas de este tipo de pornografía se lucran: muchos menores ni siquiera son conscientes de ser explotados, cuando realizan sexting o sexcasting voluntariamente, y dichas imágenes acaban en webs porno. El sexting, el grooming, las webcams y graves delitos como la explotación y el abuso sexuales están unidos en la Red de una manera que los padres y los menores deberían conocer para evitar historias como la de Justin Berry.

Fuente: Wikipedia y The New York Times.