Stop Grooming!

Información sobre el fenómeno del grooming de niñas y niños


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Los menores también engañan a otros menores para explotarlos sexualmente

SextorsiónEl condenado, que en el momento de los hechos (2008) tenía 16 años, fingía representar a una agencia de modelos, y asumía otras identidades falsas para obtener fotos y vídeos de sus víctimas desnudas y en actitudes sexuales. Ha sido condenado a varios meses de realización de tareas socioeducativas relacionadas con la sexualidad. Es la primera sentencia dictada en la Región de Murcia contra un menor como responsable de un delito de descubrimiento y revelación de secretos y otros de prostitución y corrupción de menores.

El procesado había creado numerosas cuentas de correo electrónico y perfiles en redes sociales diferentes para poder entrar en contacto con chicas menores, jóvenes o parejas usando diversas triquiñuelas.

Así, por ejemplo, contactó con varias menores a las que «bajo la promesa de un trabajo para la supuesta agencia les solicitaba primero datos personales, como edad o medidas, y finalmente les pedía que posaran ante la ´webcam´ desnudas», tal y como consta en la sentencia. Otras veces chantajeaba a sus víctimas exigiendo que se desnudaran asegurando que disponía de vídeos sexuales de ellas y que los difundiría si se negaban.

En otra ocasión se hizo pasar por una pareja y convenció a otra para que realizaran actos sexuales ante la cámara web. A cambio, él acusado les puso imágenes de una grabación pornográfica haciéndoles creer que eran de la supuesta pareja.

También llegó a suplantar a chicas para recomendar a otras chicas que contactarán con él.

Fuente: La Opinión de Murcia

PantallasAmigas lanza a los adolescentes un mensaje preventivo para evitar estas situaciones: ¡Cuida tu imagen online!


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Los casos de grooming se han disparado, advierte la fiscalía de Barcelona

La mayoría de los menores catalanes desconocen los riesgos de Internet y miles de ellos se relacionan en el mundo virtual con gente a la que no conocen, según una encuesta realizada durante el curso 2009-2010 por la policía autonómica catalana entre 6.000 escolares de 8 a 16 años: solo el 30% afirmaron conocer los peligros de la Red y el 44% admitieron chatear con desconocidos.

«El principal error que suelen cometer los adolescentes es la difusión de datos personales y familiares sin tener en cuenta quién puede acceder a ellos», explica el sargento Rafael Carmona, de la policía autonómica. No son conscientes del mal uso que alguien puede dar a frases como «no estaremos en casa durante dos semanas» o a las fotografías en las que aparecen en bañador con unos amigos. La difusión de datos —y hasta de contraseñas de correo— puede dar pie también a suplantaciones de identidad, al acceso a cuentas bancarias y al ataque de virus y troyanos.

Las redes sociales online parecen haber disparado estos comportamientos imprudentes. Los jóvenes compiten entre ellos para ver quién tiene más amigos en Tuenti o Facebook: de hecho el 25% afirma tener más de 100 amistades en estas plataformas, lo que demuestra la facilidad con la que alguien puede tener acceso como amigo a sus perfiles.

La consecuencia de ello, sostiene el fiscal de delitos tecnológicos de la Fiscalía de Barcelona, Roberto Álvarez, es que «se han disparado los casos de acoso por internet». Afloran los sujetos que realizan grooming a los menores: se ganan la confianza de un menor para pedirle que le envíe fotos o vídeos cada vez más íntimos y acabar finalmente extorsionándolo a él o a sus padres con la amenaza de difundir los contenidos si no le pasan más imágenes, si no le pagan cierta cantidad de dinero o si no mantienen un encuentro físico con ellos.

El uso incorrecto de la web cam es otro de los riesgos más acuciantes, relacionado con estas sextorsiones, la pederastia y la pornografía infantil.

A todo ello hay que añadir los casos de ciberbullying, en los que las víctimas reciben todo tipo de insultos y burlas por parte de jóvenes de su entorno. De hecho, en lo que va de año, los Mossos d’Esquadra han recibido ya 30 denuncias por esta razón.

También existe problema con los contenidos inapropiados para su edad que un(a) menor se puede encontrar sólo con entrar en Google y teclear una palabra aparentemente inofensiva que ni siquiera los controles parentales detectan.

Por ello, «es muy importante dialogar con los niños. Explicarles que cuando se encuentren con estos contenidos tienen que explicárselo a sus padres sin ningún miedo», recomiendan desde la policía catalana.

Fuente: El Periódico de Catalunya

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El grooming puede acabar en ciberprostitución: el caso Justin Berry

En un momento en que las webcams proliferan como setas por los cuartos de los menores internautas de medio mundo es útil recordar un caso que conmocionó a la opinión pública hace unos pocos años y que avanzó cuáles pueden ser algunos de los riesgos más graves que pueden acompañar a este periférico. Justin Berry, un muchacho estadounidense, montó un negocio de pornografía infantil en la que él mismo era protagonista, con tan sólo 13 años. Estuvo obteniendo beneficios de mostrarse desnudo y manteniendo relaciones sexuales ante la webcam durante 5 años. Finalmente obtuvo inmunidad de la justicia de su país a cambio de aportar información sobre el mundo de porno infantil online el que se movió durante esos años de ignorado y lucrativo delito adolescente. Hoy en día Justin da conferencias acerca de los peligros de la Red, el alcoholismo y el abuso de otras drogas.

Él era un chico normal, delegado de su clase, deportista, con buenas notas y que incluso tenía su propio negocio de desarrollo web. Pero, de manera secreta, también era una estrella de los webs de pornografía infantil desde los 13 a los 18 años. Todo comenzó cuando instaló su webcam a la búsqueda de amigas de su edad, algo que no encontraba fácilmente en el mundo real. Lo que acabó encontrando en un directorio de webcams fueron mayormente hombres que se deshacían en halagos, llenaban un vacío emocional en su vida y le ofrecían regalos. Un día uno de ellos le ofreció 50 dólares por quitarse la camiseta delante de la webcam: él pensó, “¿por qué no aceptarlos si hacía lo mismo gratis cuando iba a la piscina?”. Así fue como empezaron 5 años en los cuales acabó vendiendo imágenes de su cuerpo en Internet, masturbándose y manteniendo relaciones sexuales frente a la cámara por dinero. Llegó a tener unos 1.500 clientes que le reportaron cientos de miles de dólares.

Fue descubierto en Internet por un reportero del New York Times, Kurt Eichenwald, que acabó convenciéndolo para dejar la pornografía y acudir a las autoridades. Finalmente el caso fue desvelado al público en un artículo publicado en diciembre de 2005 titulado Through His Webcam, A Boy Joins A Sordid Online World. El reportaje revelaba la existencia desde hacía años de webs de pornografía de pago protagonizada por menores (a menudo guiados por adultos) como el de Justin, cuyos contenidos eran generados desde los cuartos cerrados de los menores, en casa de sus padres, y que seguían siendo intercambiados online incluso cuando estos webs desaparecían.

En este tipo de webs los menores (que se bautizaron colectivamente como camwhores en los tiempos de Justin) programan masturbaciones retrasmitidas en directo o incluso aceptan shows privados interactivos donde realizan lo que los clientes les piden vía chat, en una especie de Matrix de las webcams, que sólo unos pocos conocen. En otros webs más amateurs los/las adolescentes ofrecen imágenes más y más atrevidas, simplemente a cambio de recibir más votos que otros/as.

Al de un tiempo de comezar su ilegal negocio, Justin poco consciente de los riesgos que implicaba, acudió a una cita con uno de los adultos implicados en él y sufrió abusos sexuales, que marcaron el comienzo de una etapa de sórdida caída en la que negociaba dura y fríamente con sus clientes, amenazaba a otros adolescentes competidores, iba separándose de su vida real, etc. Cuando tenía 16 años un antiguo compañero de clase descubrió vídeos de Justin en Internet y los comenzó a distribuir en la ciudad, incluso a compañeros del colegio. Entonces Justin dejó de ir a clase, según le dijo a su madre por problemas con los compañeros, para seguir sus estudios a través de teleformación. Posteriormente marchó a México con su padre, a quien puso al corriente de sus actividades (según revelaría más tarde) y comenzó a emitir relaciones con prostitutas en un tercer sitio web que abrió (con un modelo mayor de edad en la portada para dar una fachada de legalidad), y a consumir cada vez más marihuana y cocaína. Sufrió repetidos abusos por parte de otro cliente y comenzó sus intentos de abandonar esa vida, vagando por los Estados Unidos, refugiándose en la religión y incluso considerando el suicidio. Pero para su adicción a las drogas necesitaba el dinero y acabó asociándose con uno de sus clientes-abusadores en un nuevo web donde además de él, se ofrecían imaǵenes de otros adolescentes: al cumplir los 18 cruzó con ellos la línea que separaba la víctima menor del abusador adulto. Fue poco después cuando fue contactado por el reportero del NY Times y se abrió para él una vía de salida de aquel mundo.

El posterior testimonio de Justin ante comités del Congreso estadounidense ayudó a endurecer las leyes de ese país contra la pornografía y el abuso infantiles en Internet.

Ya en los primeros años del siglo los adultos buscaban a menores de directorios de webcams y en webs de hacer amigos (hoy son llamados redes sociales online) y si respondían a sus mensajes comenzaban el proceso conocido como grooming. Algunos adolescentes piden regalos por medio de las listas de deseos de algunas tiendas online (uno de los habituales que reciben son precisamente cámaras de mayor calidad, para nutrir a los groomers con lo que desean), reciben recargas de móviles y otros incluso llegan a cobrar cuotas mensuales a sus clientes. En estos casos algunos negocios online se benefician indirectamente de esta lucrativa actividad ilegal.

Aunque lógicamente no todos los protagonistas de este tipo de pornografía se lucran: muchos menores ni siquiera son conscientes de ser explotados, cuando realizan sexting o sexcasting voluntariamente, y dichas imágenes acaban en webs porno. El sexting, el grooming, las webcams y graves delitos como la explotación y el abuso sexuales están unidos en la Red de una manera que los padres y los menores deberían conocer para evitar historias como la de Justin Berry.

Fuente: Wikipedia y The New York Times.


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Una víctima de grooming facilita la detención de su acosador al fotografiarle en la pantalla

La Policía Nacional ha detenido a tres hermanos por hostigar a varias menores mediante grooming. Amenazaban a las niñas para que conectaran la webcam y les exigían realizar determinadas acciones sexuales. Gracias a un descuido de uno de los acosadores, una menor pudo sacar una fotografía de su rostro con su teléfono móvil que posteriormente facilitó a los investigadores su identificación.

La operación se inició como consecuencia de la denuncia interpuesta por la madre de una de las víctimas, de 14 años estaba, que estaba siendo víctima de amenazas y abuso sexual online por parte de uno o varios individuos que, tras ganarse su confianza en Internet, la convencieron para que enviase imágenes de ella desnuda para realizar cibersexo. Siguiendo la pauta típica de los groomers, una vez obtenidas las fotografías comprometidas de la menor, las utilizaron para amenazarla y así obtener más y que se mostrase a través de la webcam.

El primer contacto entre la víctima y uno de los detenidos se produjo en casa de una amiga de la denunciante. Reunidas cuatro menores, contactaron a través de Internet con un individuo que afirmaba ser también menor de edad. Éste las convenció para que se desnudaran ante la cámara.

Los arrestados habían enviado también a las menores enlaces a webs con contenido pornográfico de adultos y niños. Los ciberchantajistas mostraban un perfil de menores de edad en la Web para captar a nuevas víctimas.

Se localizaron en el domicilio de los detenidos varios archivos de pornografía infantil en uno de los ordenadores y en CDs y DVDs grabados, contactos de menores de edad en la libreta de direcciones del correo electrónico y en programas de chat, así como el número de teléfono móvil de una de las víctimas. Además en el momento de realizar el registro, que se encontraban en pleno proceso de descarga archivos de pornografía infantil.

Los consejos que da la Policía a padres y madres para evitar estos casos incluyen:

  • establecer reglas de uso y controlar los tiempos de utilización de los ordenadores
  • situarlo en una zona común del domicilio, al objeto de supervisar las páginas a las que se accede
  • hablar con los menores de los riesgos que entrañan los chat, en los que pueden contactar con supuestos amigos que no lo son o con personas que se hacen pasar por otros menores para ganarse su confianza
  • insistir a los menores para que no faciliten datos personales ni ningún tipo de fotografías o vídeos a nadie a través de la Red, si no existe una completa seguridad sobre quién los va a recibir
  • en caso de que algún menor detecte al navegar contenidos que puedan ser peligrosos o situaciones que les puedan parecer extrañas, que avise inmediatamente a sus padres

Fuente: ABC


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Condena de 16 años de cárcel por grooming

La Audiencia de Granada ha condenado a 16 años de prisión y al pago total de 7.920 euros de multa a un profesor de Informática que haciéndose pasar por una niña contactaba en Internet con menores de distintos puntos del país, y a los que ofrecía recargar el móvil a cambio de que se desnudaran o accedieran a sus pretensiones sexuales frente a la webcam.

Se le considera autor de tres delitos consumados de corrupción de menores, dos más en grado de tentativa, dos de exhibicionismo, otro de tenencia de pornografía infantil y seis faltas de coacciones. No podrá acercarse a menos de 300 metros y comunicarse con sus víctimas durante 10 años.

El tribunal pide además que se le decomisen los sistemas informáticos de su propiedad y declara el máximo de cumplimiento efectivo de la pena privativa de libertad en el triple de la mayor, es decir, doce años.

Se considera probado, según consta en la sentencia, que M.S.C., de 35 años, comenzó a contactar con menores de entre 10 y 12 años desde su domicilio o desde su despacho en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática a través del ‘messenger’ “a los efectos de satisfacer su ánimo libidinoso”.

Se hacía pasar por una niña de edad similar a sus víctimas, y durante el curso de esas conversaciones y con el tiempo, iba ganándose la confianza de los menores, a los que hacía pequeños regalos como recargas en el teléfono móvil o créditos para participar en juegos de Internet.

En tanto en cuanto la confianza de los menores iba creciendo, el procesado comenzó a pedirles que encendieran la cámara web de su ordenador, solicitándoles en algunos casos que se desvistieran o incluso que se masturbaran. También él llegó a aparecer desnudo de cintura para abajo ante algunos de los niños, de los que tomaba imágenes que luego guardaba en el disco duro del ordenador “para contemplarla a posteriori tantas veces como quisiera con propósito de satisfacción sexual”.

No obstante, los niños comenzaron a tomar consideración de la gravedad de la situación con el paso del tiempo e intentaron cortar la comunicación, si bien el ahora condenado les amenazaba, incluso por teléfono, con que si lo hacían les mandaría un virus por el ordenador.

De este modo actuó en todos los casos, con seis menores de distintos puntos geográficos del país, entre el mes de septiembre de 2004 y junio de 2005.

La Policía encontró en los discos duros de su ordenador imágenes de los menores con los que mantuvo tales contactos y una fotografía de uno más desconocido, completamente desnudo, además de ficheros en inglés con diversos relatos pornográficos de temática pederasta.

El procesado, que es juzgado el pasado 29 de abril en la Sección Primera de la Audiencia de Granada, negó los hechos que le atribuía el fiscal, aunque reconoció haber entrado en contacto con los seis menores, si bien aseguró que lo hizo a través de una página de juegos ‘on-line’ y que sus conversaciones a través del correo electrónico o ‘messenger’ tenían el objetivo de “sincronizarse” con los menores, para jugar a la vez en esa web.

Negó “taxativamente” haber recargado los móviles de los niños, haberse desnudado delante de ellos, haberles amenazado o hecho propuestas indecentes, e incluso tener inclinaciones homosexuales o pederastas. Sin embargo, admitió haber escrito “expresiones desafortunadas”, algunas en tono “jocoso”, pero ninguna, según dijo ante el tribunal, “con sentido sexual ninguno”.

Fuente: europapress.es